lunes, 22 de febrero de 2010

Leaving So Soon: Capítulo 24.

La ciudad de Londres se erguía descomunal y gris ante los ojos de Georgia, a pesar de que ella caminaba por sus calles sin prestarle atención. Podría decirse que había perdido el interés… o que había aprendido a amar el encanto de un pueblo pequeño donde podía perderse entre los árboles respirando aire puro.
Al haber dejado Battle, Georgia se había dado cuenta de que lo que en realidad estaba dejando atrás era un hogar. La primera vez que había huido había sido demasiado tonta e imprudente. Pero haber regresado con el correr de los años había hecho que olvidara los prejuicios de niña caprichosa y viera lo que verdaderamente tenía importancia en su vida. Y justo cuando empezaba a creer que no era tan tarde para recuperar a Tim…
Movió la cabeza negativamente, como si quisiera espantar algo y se dijo con firmeza que ya no debía pensar en Tim. Lo había desenterrado entre fragmentos de su pasado sólo para comprender que todos sus errores estaban poniéndose en su contra al fin.
Ignoró el profundo y potente dolor que le atenazaba el pecho, amenazando con derrumbarla allí mismo en aquella calle llena de gente totalmente extraña. No podía dejar que el dolor y la autocompasión le ganaran. No más.
La primera semana de Georgia en Londres había sido un absoluto desastre, aunque no más que un recuerdo borroso, como si hubiese pasado gran parte de ese tiempo inconsciente. Demasiado desorientada y cegada por el sufrimiento, sólo había atinado a refugiarse en una habitación de hotel para poder resquebrajarse de una vez por todas. Vencida por el llanto, no había podido salir de la cama en tres días. Cuando tuvo suficientes fuerzas para moverse, lo único que logró hacer fue tomar tantos pares de zapatos como le permitieran sus brazos y salir en mitad de la noche, cruzando la calle, hasta la orilla del río Támesis y arrojarlos al agua con furia.
¿Cómo había podido cambiar una vida de felicidad por todas esas porquerías meramente materiales? Observó cómo sus mejores botas de Prada se hundían emitiendo un par de burbujas. Unos meses atrás, se hubiese arrojado urgentemente a salvarlas, pero en ese momento, aún con el recuerdo del último beso de Tim flotando en sus labios y las palabras de Jayne (Estoy diciendo que estoy embarazada, Georgia) resonando en sus oídos como si se las estuviese gritando sin cesar, las miró con indiferencia y se volvió para regresar al hotel, donde lo único que la esperaba era más oscuridad y soledad.

Despertó sin saber si era de día o si era de noche. Sin saber si era la mañana de un día nuevo o la tarde del mismo. Y de todos modos… ¿qué más daba si había pasado un año entero y Georgia seguía allí, escondida bajo las mantas de una cama que no era la suya, despeinada y con las ojeras más gigantescas que sus ojos hubieran lucido jamás? Si no podía estirar la mano para alcanzar a Tim del otro lado de la cama, no le importaba demasiado despertar ni en qué circunstancias lo hacía.
Su cabeza no la dejaba en paz. Analizaba, repasaba, desmembraba hechos, buscando explicaciones, inventando respuestas que en realidad Georgia no tenía y probablemente nunca llegaría a tener. Revivía, lenta y agonizantemente, cada segundo de felicidad que le habían obsequiado antes de que perdiera todo en sólo un segundo.
Se decía a sí misma que no tenía ningún sentido seguir con todo aquello, pero no podía evitarlo. Sentía que estaba pagando por su estupidez, por su egoísmo, por su superficialidad, y aunque estaba convencida de que merecía aquel castigo, se preguntaba si alguna vez iba a terminar o si acabaría muriendo aún revolcada en dolor y remordimientos.
Pensaba que a Tim seguramente no le había hecho mucha gracia descubrir que lo había abandonado de nuevo. Sin embargo, Georgia confiaba en que la noticia de Jayne lo alegrara lo suficiente para no dejar que se hundiera en el mismo pozo de tristeza que ella. Iba a tener un bebé con su esposa. ¿Qué mayor alegría podía sentir un hombre? Y Georgia, que lo amaba con toda su alma, necesitaba estar contenta por él. Necesitaba sonreír ante la perspectiva de que Tim pudiera tener una vida plena y feliz...
Pero no podía. Que lo amara, por mucho que lo hiciera, no bastaba realmente para extirpar la amargura de su corazón. A pesar de que hacía ya mucho tiempo que Tim no era realmente suyo, Georgia sintió, estúpidamente, que con aquello lo perdía un poco más de lo que ya no lo tenía. Compartirlo con Jayne, conformarse con ser la segunda en su vida, aceptar las migajas de su amor… podía con ello, no se quejaba. Ser la que se interpusiera entre un hombre y su hijo… no.
Lo peor de todo era saber que la culpa no era de nadie más que de ella. Georgia había tenido al alcance de la mano la oportunidad de tener todo lo que ahora Jayne reclamaba como suyo. ¿Y para qué? ¿Para construirse la irreal fantasía de una vida perfecta? ¿Qué sentido tenía tener el trabajo más glamoroso y espectacular si cuando llegaba a su casa al final del día no había nadie que la recibiera con un beso? ¿Qué sentido tenía irse a dormir con el papelerío de trabajo al otro lado de la cama en lugar del cálido cuerpo de alguien que la amara?
¿Qué sentido tenía cerrar los ojos y soñar que regresaba a Battle, donde Tim la recibía con los brazos abiertos, si ese sueño jamás se cumpliría?
Georgia escondió la cabeza bajo las sábanas y trató de imaginar lo que haría con el resto de su vida. Seguir viviendo en aquella habitación de hotel le parecía lo más cómodo. La sola idea de salir por ahí a buscar un apartamento la hacía sentirse enferma. Buscar un hogar cuando sabía exactamente donde estaba resultaba absurdo.
¿Salir a buscar un empleo? El dinero no iba a durarle para siempre, por mucho que hubiese ahorrado en sus años de falso esplendor. Pero no le importaba si acababa acarreando bandejas en un restaurante, ni tampoco tenía voluntad para volver a abrirse camino en el mundo que siempre le había interesado. De hecho, la idea de su boutique, que tanto entusiasmo le había producido, no parecía ahora más que un plan irrelevante y la ropa confeccionada por ella misma que se apilaba descuidadamente en cajas y más cajas en la habitación, le producía una cierta sensación de repulsión que nunca antes había experimentado.
Sin pensárselo dos veces, cuando esa noche volvió a acometerla la intensa punzada de dolor que le producía arcadas y le cortaba la respiración, fueron esas cajas las que arrojó al río, sin que le importara en lo más mínimo echar su futuro por la borda, porque lo que en realidad estaba haciendo era deshacerse de su pasado.

Habían pasado ya varias semanas (Georgia no lograba calcular exactamente cuántas, como si el tiempo fuera algo demasiado insignificante para tenerlo en cuenta), pero no había habido cambio alguno. La figura de Georgia, que siempre había rayado la perfección, se había ido consumiendo con la pena. Su pelo, antaño brillante y suave, se había vuelto opaco y quebradizo, a falta de los productos a los que lo tenía acostumbrado. Cuando lograba encontrar la fuerza suficiente para arrastrarse al baño y darse una ducha, sólo era capaz de sentarse bajo la lluvia de agua caliente y quedarse inmóvil un rato. Al salir, se envolvía en una toalla con la mirada perdida y volvía a la cama, donde se acurrucaba, a veces sintiendo demasiado frío y tratando de recordar lo que era sentir el calor rozando la piel.
La comida se había vuelto algo vago. De vez en cuando pedía servicio a la habitación. Una veces se quedaba dormida antes de que se la llevaran, otras perdía el apetito a pesar del buen aspecto de los platos que le presentaban.
Su rostro estaba pálido y cansado, a pesar de que prácticamente lo único que hacía era dormir. Pensó que si seguía así mucho tiempo más lo más seguro era que muriera, pero no le interesaba.
Sin embargo, casi podía oír la voz de Tim regañándola, obligándola a que se cuidara, a que saliera de allí, viera la luz del sol y comiera algo. Se levantó de la cama como si él estuviera jalándola del brazo para ponerla en movimiento.
Ya casi no le quedaba ropa. En sus ataques de angustia había ido deshaciéndose de ella. Gran parte había ido a parar al fondo del río. Algunos zapatos habían volado por el balcón, otros habían caído por el tracto de la basura al final del pasillo. Abrió un bolso y sólo vio un pantalón de gimnasia y una remera vieja y gastada que rezaba, en letras que ya casi habían desaparecido, Instituto de Hastings, 1989.
En otro momento de su vida, se hubiese mirado al espejo para cerciorarse de que su maquillaje y su peinado estaban al nivel de radiante que ella consideraba adecuado. En esa ocasión, se limitó a recogerse el pelo en lo alto de la cabeza sin muchos miramientos y, sin siquiera fijarse en su reflejo, salió de la habitación.
Había un Starbucks a dos calles de allí, pero Georgia no sentía ganas de caminar demasiado. Compró un pretzel en un carrito a pocos metros de la entrada del hotel y se puso a masticarlo sin ganas, mientras se apoyaba contra la baranda de la orilla del río y contemplaba sin entusiasmo alguno la silueta del Puente de Londres que se erguía no muy lejos de ahí.
Sus ojos, algo descoloridos, contemplaban el paisaje citadino como si en el fondo aún trataran de entender qué era aquello que los había deslumbrado muchos años antes. Georgia no veía maravilla alguna en los edificios que enmarcaban las pobladísimas calles, ni en los muchos autos yendo y viniendo, o los autobuses rojos que se cruzaban en las esquinas o en la imponencia del Big Ben recortado contra el cielo no mucho más allá. Para ella, en su profunda amargura, aquello no era más que un estúpido reloj gigante.
La gente pasaba junto a ella sin verla, demasiado ocupados en sus vidas cotidianas. Hablaban de sus trabajos, de sus hijos, de sus parejas y sus planes ajenos totalmente al aire de tristeza que sólo Georgia parecía percibir. Ella tampoco los miraba. Tenía la sensación de que, una vez perdida esa persona que lo significa todo, el resto de los seres humanos desaparecían del planeta, dejándola sola en una especie de confuso borrón grisáceo.
Mordisqueó un poco más su pretzel y luego lo estrujó y arrojó las migas en el suelo, entre un grupo de palomas que se pusieron a picotear agradecidas.
- ¿Georgia?- Oyó entonces y su corazón dio un respingo.
Se dio media vuelta tan rápidamente que se mareó y tuvo que sostenerse de la barandilla a su lado. Pero al lograr enfocar la mirada en la persona que la había llamado, la pequeña, ínfima esperanza que se había encendido en su interior explotó con un estallido doloroso.
Era Tom quien la miraba con el entrecejo fruncido, estudiándola como si se tratara de una rara especie.
- ¿Qué te pasó? Estás muy… rara.- Masculló él, suavemente, como si tratara de no ser descortés.
- ¿Qué haces aquí, Tom?- Dijo ella a su vez. Una voz en su cabeza empezó a murmurar, insistente: pregúntale por Tim, pregúntale por Tim, ¡pregúntale por él!
- Compré un departamento en Covent Garden hace un par de semanas y vine a hacer algo de papeleo…- Explicó sin darle importancia.- Georgia, ¿qué…?- Se quedó callado, aún mirándola con atención, como si las palabras correctas no lograran salir de su boca.
Georgia también guardó silencio un instante. Estaba librando una batalla interior. Si se ponía a hacerle preguntas sobre Tim, dudaba que pudiera hacerle algún bien. ¿Qué esperaba escuchar? ¿Qué Tim estaba fantástico, paseando con Jayne por todo el pueblo, tomados de la mano, eligiendo cunas?
- ¿Por qué te largaste así de nuevo? ¿Qué estás haciendo aquí?- Preguntó Tom al fin, que parecía haber decidido mandar al demonio la sutileza.
Georgia suspiró. A pesar de que llevaba semanas sin hacer más que dormir, de repente sentía un cansancio insoportable.
- No tuve más remedio.- Contestó, con una voz que no parecía la suya.
- ¿De qué estás hablando?- Tom la observó extrañado.
- Necesitaba alejarme. No tenía ningún sentido que me quedara allí, dadas las circunstancias…- Murmuró suavemente.
- ¡Pero tenías tantos planes, y…!
- Y esos planes ya no existen.- Cortó, sin poder evitar la sequedad en su tono.- No tiene sentido. Cometí errores y tengo que soportar las consecuencias…
- No entiendo, Georgia.- Tom parecía abatido.- Se veían tan felices que yo…
- Escucha, Tom… ¿para qué seguir hablando del asunto? Ya terminó. Todo terminó.- Se pasó una mano por el rostro, esforzándose para no ponerse a llorar.- Yo sólo…
Vaciló. No. No iba a hacerle ningún bien.
Pero fue más fuerte que ella.
- ¿Cómo está?- Susurró, en algo que no pareció más que un sollozo.
- ¿Tim?- Farfulló Tom, confundido y Georgia asintió con un estremecimiento.- ¿Cómo quieres que esté?
Georgia bajó la cabeza. Claro. Era una estúpida.
- Lo imagino. Con una noticia como esa…
- Desde que se enteró se ha encerrado en su casa.- Había un dejo de reproche en la voz de Tom.
Por supuesto. Tim estaba tan feliz ahora que sabía que iba a ser padre que no salía de su casa. Seguramente él y Jayne no hacían más que planear la familia que tendrían juntos…
- Mejor.- Balbució Georgia, al ver que, aparentemente, Tom esperaba una respuesta.
- ¿Mejor? ¿Eso es todo lo que piensas decir?- Replicó, enojándose cada vez más.
Lo que quedaba de su corazón empezó a quebrarse. Casi podía oír las grietas formándose a toda velocidad…
- Jayne esperaba que la felicite, pero francamente, yo…- Georgia negó con la cabeza, sintiéndose cada vez peor.
- ¿Jayne?- Inquirió Tom, cada vez más confundido.
- Sí, fue ella quien me lo contó.- Explicó Georgia. Se sostuvo de la baranda con más fuerza. Le temblaban las piernas. No había hablado de eso con nadie y al contárselo a Tom era casi como revivirlo.
Él frunció tanto el ceño que sus ojos casi desaparecieron debajo de sus cejas.
- ¿Jayne?- Repitió, incapaz de decir otra cosa.
- Supongo que Tim no lo sabía aún, si no todo hubiese acabado de un modo distinto…- Ensimismada, Georgia contempló el agua, como si concentrándose en el río fuera a sentir menos dolor.- Pero que yo me enterara primero fue mejor, quizás.
- Te fuiste, Georgia.- Refunfuñó Tom, a modo de reclamo.- Sin decir nada.
- Lo sé.- Una lágrima empezó a caer por su mejilla, pero ya había derramado tantas que ni siquiera la notó.- Lo sé, Tom, y no tienes ideas cuántas veces deseé dar la vuelta y volver corriendo hacia él…
- ¿Y por qué demonios no lo hiciste?- Repuso, elevando la voz.
- Porque no es lo mismo, Tom. No puedo inmiscuirme en algo como esto… no se trata de una estupidez. ¿Qué podía hacer? ¿Apartar a Tim de una de las alegrías más hermosas que la vida puede darle? Yo no podía exigirle nada…
- Pero…- Tom vaciló, como si no supiera qué decir. Su enfado fue disminuyendo, quizás porque trataba de entender.
- No.- Interrumpió Georgia, levantando la mano para detenerlo.- No, Tom. Te digo que es lo mejor. La tristeza que mi partida le pueda haber causado no debe ser nada después de la felicidad que Jayne debe haberle provocado… se olvidará de mí tan pronto como nazca el bebé, ya verás…
Tom abrió mucho los ojos y alcanzaron una forma circular casi anormal.
- ¿Bebé?- Murmuró.
Georgia volvió a sentir ese dolor que hacía que se derrumbara. Sintió que las piernas le fallaban más que nunca y supo que en un minuto estaría tirada en el suelo dejando que el llanto la acometiera.
- Mira… no quiero hablar más de esto, Tom.- Lo miró con unos ojos tan vacíos que Tom se quedó mudo de la impresión.- Sólo… necesito estar sola.
Empezó a caminar, tambaleándose, hacia el otro lado de la calle. Tom dio un paso hacia ella, alarmado.
- Aguarda, Georgia, ¿a dónde vas?- Quiso saber, preocupado.
Sin embargo, ella no le contestó. Tom la siguió con la mirada mientras ella prácticamente se arrastraba hasta la entrada del hotel que se erguía frente al río y se perdía en su oscuro lobby.
Lo que acababa de oír le taladraba la cabeza y en menos de un segundo, Tom logró atar todos los cabos que quedaban sueltos. Boquiabierto por la confusión, se dio media vuelta y se alejó del hotel, camino a su auto, totalmente seguro de que había una pieza que no terminaba de encajar del todo.
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9 comentarios:

Maggie dijo...

ah qué felicidad! :D!!! pues... a leerlo s eha dicho!
:D
gracias Lau!!

Maggie dijo...

ehh!! al menos Tom ya como que se dio cuenta... Ahh ya quiero que se resuelva todo!!! cuándo nos regalas el próximo, Oruguita???
es como para darle un buen "zape" a Georgia...
I'm gonna cry!! u.u

pili dijo...

Gracias!!!!!!!!!!!!!!!

karidiva dijo...

Gracias, gracias y muchas gracias!!!!

Necesitaba saber como sigue!!!

que felicidad!!!!!

Anónimo dijo...

por fiiin un cap nuevo! :D
esta genial, ojala Tom le cuente todo a Tim sobre Georgia.

aaaaaaaahh! q nervios xD

Silvana dijo...

pobrecita Georgia!!! hay que nervios! qué pasará cuando Tom abra la boca!? 25 !!!

sam_mccartney dijo...

Aaaaaaaaaaaaaahhh!!
Tom ira con el chisme con Tim?..eso espero!! Georgia no se puede quedar con la idea que Tim va a ser papá!
Corre Tom, ve dile a Tim!!!
jejej

GRACIAS POR ACTUALIZAR LAURA!!!

Lali dijo...

aaaaaaa, estaba esperando este capitulo con muchas ansias :D aah, qe pena Tom no reaccionó a tiempo, podría haberle ahorrado a georgia un par de horas de dolor!! pero bueno creo qe ahora el se dio cuenta de todo e ira corriendo a contarle todo a Tim :D aunqe insisto, georgia no tendria q haberse ido asi u.u despues de todo él no tenia la culpa de nada! pero bueno, queda en él perdonarla, y seguro q lo hará :D besooooooooos y gracias laura por subir nuevo capi! esperamos el 25 as soon as possible !

Anónimo dijo...

aaaaaaaaaaaa me domoré dos dias en leerlo, tuve muhcas interrupciones, pero por fin lo terminé!!! me mato, no nos puedes dejar con la intriga de esa forma!!!! estaré en suspenso hasta que vuelvas a postear, pronto por favor!!!!

saludos